En que consiste el Workflow 

El concepto de workflow aplicado a la gestión de licitaciones no implica automatizar la elaboración de la oferta. La propuesta técnica, el análisis de los criterios de valoración o la redacción de los apartados diferenciales seguirán requiriendo el trabajo de personas expertas, aunque sí existen capacidades de mejora o automatismos en estos procesos. Lo que sí automatizará el workflow es todo lo que rodea a ese trabajo: la logística de la coordinación.

Cómo un flujo de trabajo estructurado mejora la colaboración y la eficiencia en la gestión de las licitaciones

Un flujo de trabajo estructurado para la preparación del concurso funciona de la siguiente manera:

  • Al iniciarse la fase de preparación, el sistema asigna automáticamente las tareas a los responsables de cada departamento, con plazos intermedios calculados a partir de la fecha límite de presentación.
  • Cada responsable recibe una notificación con la descripción exacta de lo que se le solicita, los documentos de referencia adjuntos y el plazo disponible.
  • El sistema hace seguimiento del estado de cada tarea y lanza recordatorios automáticos cuando se aproxima el plazo o cuando una dependencia está bloqueada.
  • El responsable de la licitación tiene visibilidad en tiempo real del estado de todas las contribuciones pendientes, sin necesidad de preguntar activamente a cada parte.
  • Los documentos se consolidan en un único repositorio, con control de versiones, eliminando la circulación de archivos por correo electrónico.

El efecto de este modelo no es únicamente la reducción de tiempo. Es también la eliminación del riesgo de olvidos, la reducción del estrés operativo del equipo y la mejora de la calidad de la oferta: cuando el tiempo que antes se invertía en coordinación se libera, puede dedicarse a revisar y refinar el contenido.

 

Notificaciones automáticas: el pegamento del proceso

Si el workflow es la estructura, las notificaciones automáticas son el mecanismo que la mantiene activa. En el contexto de la gestión licitadora, las notificaciones relevantes operan en tres niveles distintos:

Notificaciones de activación

Se disparan cuando comienza una nueva fase o subfase del proceso. Su función es asegurar que todos los actores implicados saben exactamente qué se espera de ellos y cuándo, sin que el responsable de licitaciones tenga que comunicarlo manualmente en cada caso. Eliminan el tiempo dedicado a reuniones de arranque y correos de introducción.

Notificaciones de seguimiento y alerta

Operan durante la ejecución de cada subfase. Avisan a los responsables cuando un plazo intermedio se aproxima, cuando una tarea lleva demasiado tiempo sin avance o cuando una dependencia está bloqueando el trabajo de otro equipo. Sustituyen el seguimiento activo y manual por un sistema que actúa de forma proactiva.

Notificaciones de transición

Se activan cuando una subfase concluye y la siguiente debe arrancar. En la gestión de licitaciones, los momentos de transición son especialmente críticos porque implican cambios de responsable y de departamento. Una notificación automática de transición garantiza que nadie espera a que «alguien le avise» y que el proceso avanza sin interrupciones.

 

También podemos clasificar las notificaciones por acción, contenido o carácter informativo.

Notificaciones con contenido asociado

Son aquellas que a la vez que notifican envían contenido: documentación para cumplimentar fases, o contenido generativo, como la creación de una oferta o un documento basado en plantillas, incluso generado por inteligencia artificial.

Notificaciones de acción

Estas notificaciones requieren de quien las recibe una acción concreta. La más común es la notificación de aprobación de una oferta, con o sin escalación o aprobaciones paralelas. Generalmente se integran con el correo corporativo y el motor de trazabilidad registra para auditoría el resultado de estas acciones.

Notificaciones informativas

Su cometido es mantener informados a los actores del proceso de licitación sobre eventos, fechas y alertas relevantes, sin requerir ninguna acción específica por su parte.

 

Lo que el workflow no puede reemplazar

La automatización del workflow y las notificaciones tiene límites claros que conviene identificar para no generar expectativas incorrectas.

Ninguna herramienta puede sustituir el criterio necesario para analizar los pliegos de condiciones y determinar la estrategia de la oferta. Tampoco puede reemplazar la experiencia técnica del equipo que redacta la propuesta, ni la capacidad de valorar si los criterios de adjudicación favorecen o no a la empresa en un concurso concreto.

Lo que la automatización hace es liberar tiempo de ese trabajo cualificado eliminando todo lo que no lo requiere: los recordatorios, los seguimientos, la gestión de versiones de documentos, la consolidación de aportaciones de distintos equipos y la comunicación de estados y resultados.

Un equipo que deja de invertir tiempo en coordinación manual tiene más capacidad para dedicar atención a lo que realmente diferencia una oferta: la calidad del contenido técnico y la precisión en la respuesta a los criterios de valoración.

Características que deben tener las herramientas de workflow a seleccionar

Identificar la necesidad de automatizar la coordinación es solo el primer paso. La decisión siguiente, qué herramienta utilizar para hacerlo,  tiene un impacto directo en el retorno real que se obtiene y en el coste de implantación.

La clave no está únicamente en las funcionalidades de workflow en sí mismas, sino en la capacidad de integración con el resto del proceso licitador: la gestión documental, el seguimiento de expedientes, el registro de competidores, el control de plazos y, eventualmente, el análisis de resultados. Un workflow que opera en aislamiento resuelve parte del problema, pero obliga a mantener múltiples sistemas desconectados entre sí.

Ante esta realidad, las organizaciones que gestionan licitaciones de forma activa se encuentran habitualmente ante dos estrategias diferenciadas:

 

 

Estrategia 1.  Herramienta genérica de workflow con integraciones

Seleccionar una plataforma de automatización de procesos de propósito general e ir integrándola progresivamente con los demás sistemas necesarios para la gestión de licitaciones: repositorio documental, gestor de plazos, CRM o ERP.

A favor: Flexibilidad para adaptarse a procesos propios, amplio ecosistema de conectores, posibilidad de reutilizar la herramienta en otros departamentos.

A considerar: Requiere configuración inicial y diseño de flujos específicos para licitaciones, así como el mantenimiento de las integraciones con cada sistema externo.

 

 

Estrategia 2.  Herramienta especializada en gestión de licitaciones con workflow incorporado

Utilizar una solución diseñada específicamente para gestionar la participación en procesos de licitación pública, que incluya de forma nativa el workflow de coordinación, la gestión documental, el seguimiento de expedientes y el registro de resultados en un único entorno.

A favor: Los flujos de trabajo ya están preconfigurados para el proceso licitador, la curva de adopción es menor y no hay necesidad de diseñar ni mantener integraciones entre sistemas.

A considerar: La especialización puede implicar menor flexibilidad para procesos muy particulares, por lo que conviene verificar el grado de personalización que permite la herramienta.

En cualquiera de los dos casos, los criterios que más peso deben tener en la selección son: la capacidad de configurar flujos por tipo de licitación, la trazabilidad completa del proceso para mejora continua, la facilidad de adopción por parte de equipos que participan ocasionalmente, que incluya un sistema de autorizaciones y permisos que permita segregar funciones, y por último la integración con las fuentes de datos que ya utiliza la organización, es decir, poder integrar la herramienta en el ecosistema de aplicaciones corporativas de forma sencilla pero robusta.

Existen en el mercado tres perfiles diferenciados de herramienta, cada uno con sus propias fortalezas y limitaciones. La tabla siguiente permite comparar los tres perfiles frente a los seis criterios de selección clave:

La lectura de la tabla sugiere una conclusión práctica: no existe un perfil universalmente mejor, sino el más adecuado según el punto de partida de cada organización. Para una empresa que ya dispone de infraestructura tecnológica y equipos técnicos capaces de configurar integraciones, la herramienta genérica puede ser una opción válida. Para la mayoría de organizaciones con actividad licitadora activa y sin ese perfil técnico interno, la solución especializada avanzada ofrece el equilibrio más favorable entre tiempo de implantación, cobertura funcional y capacidad de adaptación.

En resumen, la Gestión de la participación, concentra el mayor volumen de tiempo en el proceso licitador precisamente porque combina complejidad técnica con alta dependencia de coordinación organizativa. Las 18,5 horas estimadas por expediente no se distribuyen de forma uniforme: la subfase de preparación del concurso absorbe más de la mitad del total y es donde la fricción de coordinación es más intensa.

La aplicación de flujos de trabajo estructurados y notificaciones automáticas entre equipos permite recuperar aproximadamente entre 5 y 7 horas por expediente en este bloque, con un impacto especialmente significativo en las subfases de preparación y aperturas. Para una empresa con actividad licitadora activa, 100 expedientes año, ese ahorro acumulado puede representar entre 500 y 700 horas de capacidad operativa recuperada.

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