Los dos. Y fallar uno solo puede dejarte fuera.

El pliego administrativo es el filtro de entrada. Marca los requisitos legales, económicos y formales. Si aquí fallas, da igual lo buena que sea tu oferta: no pasas.

El pliego técnico es donde te juegas ganar. Ahí explicas cómo vas a hacer el trabajo, con qué medios y qué valor añadido aportas. Es el que más puntos suele dar y donde se decide quién se lleva el contrato. (criterios de adjudicación).

Por eso, las empresas que ganan licitaciones no eligen entre uno u otro:
cumplen el administrativo al milímetro y usan el técnico para diferenciarse.

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